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viernes, 5 de enero de 2018

98. Muestra 4. Contexto familiar (II). Manuel Álvarez

Sobre "Benxa">Biografía>Aspectos
Entrada 98. Publicada  5-1-2018










Plano General de la Villa de Mieres, 1895. Atribuido ahora por vez primera
a Manuel Álvarez Álvarez (1862-1932). Publicado Pérez González, R., "Mieres" Geografía de Asturias. Vol 2, pág. 79. Avilés, 1982.






4.5 Manuel Álvarez Álvarez (cont. 17)
(Antepasados técnicos industriales  de Benxa)


Años 1890. Ayudante de obras públicas en el Ayuntamiento de Mieres y colaboración en el Plan de Ensanche de 1900 a cargo del Ingeniero Eugenio Ribera

Hacia 1892 cuando el ingeniero Ribera -jefe de Manuel Álvarez- se incorporó al Ayuntamiento de Mieres más que un proyecto de ensanche resultaba perentorio el saneamiento y la reforma interior. La ley de 1895 daba título con esos tres términos a dos clases de operaciones: la intervención urgente en el tejido preexistente y la planificación de un área de nueva planta prevista para la expansión de la población.  Por entonces Mieres daba nombre a un concejo bien definido, pero no así su capital.
En lugar de un pueblo-calle tipo conformaba una alineación de aldeas rurales asentadas a los bordes de la carretera Adanero-Gijón, arrimadas a las laderas del este para restar la menor superficie posible a la extensa vega fluvial del río Caudal, su principal recurso de vida antes de la industrialización, pero también para evitar sus avenidas, incontroladas durante los casi tres cuartos de siglo posteriores. A estas aldeas de La Villa (extremo sur), Requejo y Oñón (límite norte), se había sumado un tercer foco igualmente carretero, Sobrelavega, de potencial carácter urbano al edificarse en él la Casa Consistorial en la década de 1860. Se hallaba situado este lugar levantado de nueva planta muy próximo al último enclave poblado por citar, La Pasera, dotada ya para entonces de usos y fisonomía propios de las cabeceras de municipios preindustriales: templo parroquial, posada, escuela municipal, otras dos de pago, algunos comercios y talleres de artesanos, junto con las viviendas contenidos en un caserío austero pero de buenas proporciones y factura. Sobrelavega y La Pasera ocupaban el segmento intermedio de la población longitudinal o en cordón de nudos  (nudos los distintos núcleos) que era por entonces Mieres. Ambas se distanciaban del carácter rural de origen impreso en las demás, orientándose, ya de hecho La Pasera en sus dos aceras y todavía en ciernes Sobrelavega, a ambos costados de la Casa-Ayuntamiento [Pistono/Burgos], como barrios residenciales mesocráticos dotados de un pequeño comercio; en cierto modo un anticipo del ensanche de la villa (1900) todavía pendiente de proyectar .

En número y en ocupación la población en estos reducidos núcleos bajos de la vega de Mieres y los que escalonaban las laderas sobre los puntos industriales neurálgicos [Álvarez Álvarez] ya dejaban  constancia del fenómeno demográfico propio de los enclaves del maquinismo histórico. La inmigración intensa hacia territorios donde la subsistencia podía sustituirse por un trabajo asalariado, sumado a la ausencia de medidas de alojamiento que dieran respuesta a tal densidad de nuevo vecindario, acabó resolviéndose de forma espontánea, improvisada al tiempo que insostenible. Los propios nativos procuraban a los forasteros cuartos, viviendas y otros anejos agropecuarios subdivididos, o realquilaban habitaciones en función de las horas libres de los diferentes turnos de trabajo. La degradación física e higiénica que ponía en peligro la salubridad pública desembocó en las medidas contenidas en la Ley de 1895 que se aplicaron restrictivamente en Mieres por la escasez del erario municipal. De modo que por la misma razón presupuestaria, la modesta envergadura de la futura villa y su situación periférica, la iniciativa legal del 95 había dejado atrás otras dictadas para el resto del país en esta materia y en la que constituía su inmediata, la de los ensanches, vigente desde hacía más de treinta años.

Entre los planos de población de Mieres más veces publicados destaca por su antigüedad y coincidencia cronológica con la referida Ley el fechado en 1895. Estimamos que se formaría desde el negociado del ingeniero Ribera, como un estado actual y herramienta necesaria tanto para la reforma interior como a título de prólogo o punto de partida para la redacción del proyecto de ensanche de la villa que imponía la medida oficial de 1895. El plano, a juzgar por las reproducciones muy bien conservado, encaja en la mitad superior el conjunto del área poblada que dibuja una figura longitudinal, secuencia de reducidos núcleos en cordón cuyo eje norte-sur (La Pasera-Sobrelavega-La Villa) se quiebra a partir del río San Juan (Requejo y Oñón). A los pies del caserío, a poniente la fértil vega intacta, excepto algún camino rural y la vía del ferrocarril minero de El Peñón sobre la calle de Camposagrado, el único acento de la urbanística decimonónica que se refleja a falta todavía del callejero y manzanas del ensanche: la universal arteria rectilínea que une el ferrocarril, siempre alejado, con el tejido antiguo, y que en este caso cruza airosa las tierras de labor –“mar de arbeyos y maíz”, croquis de Rómulo Álvarez- y prados en sentido perpendicular a la cadena del caserío de la villa.  Por ahora y por efecto de ésta vía, la superficie construida dibuja una “T”,  cuyo mástil asemeja una gran avenida urbana, aunque lo que prime sea la vía del ferrocarril minero. Hacía el número tres (primero por orden cronológico) de los que circulaban por la vega ya para estas fechas; tres infraestructuras a su vez expresivas  del grado de industrialización alcanzado por la villa y, al unísono, un condicionante físico del planeamiento urbano por venir [Burgos/Pistono].

La mitad inferior de esta carta urbana se reparte entre un segmento mínimo y meramente testimonial de la situación del río Caudal encajado en el centro del plano;  a la izquierda, la rosa de orientación o puntos cardinales y en el tercio opuesto el título y datos básicos del plano:

PLANO GENERAL DE LA VILLA
DE
MIERES
-1895-
ESCALA = 1:2.500


No aparece firmado pero por las maneras de representar calles, caminos, huertos, caserío, ferrocarriles, lo mismo que por el estilo de las fuentes usadas para los rótulos menores y en especial el título e identificación, asumimos el riesgo de su atribución a Manuel Álvarez. Ello una vez examinados comparativamente y en detalle otros planos de población suyos posteriores, y siempre sin otorgarle mérito mayor alguno ni al documento ni al autor. Estaríamos ante un trabajo profesional que responde a un encargo preciso y el capataz de minas estaría actuando aquí como un mero delineante, cuerpo por el que sabemos que se interesaría especialmente por los años 1920, recomendando concurrir a oposiciones al mismo a miembros de su círculo. No obstante, en caso de destacar de esta pieza algún rasgo de interés, sugeriríamos los siguientes. Uno, como demostración de la versatilidad manifiesta con los distintos géneros de la representación planimétrica. Desde los trabajos hasta ahora publicados aquí, pertenecientes a su ocupación principal (planos geológico-mineros, topografías subterráneas, sistemas de estructuras y laboreo) o las edificaciones e instalaciones vinculadas igualmente al medio extractivo, reaparece en las citas actuales como dibujante de planos aéreos de población, prólogo de labores de cartografía territorial a mayor escala -dos en concreto, separadas por veinticinco años en su ejecución-, o de variedades calificables de curiosidades [Benxa]; estos dos apartados últimos ya en calidad de autor y no como en aquellos reducido al papel de dibujante. Dos, considerar el documento de 1895 como el origen de la formación de otros planos de la localidad y del término municipal,  que en conjunto podrían contribuir a destacar su labor como un activo cartógrafo de Mieres durante un tercio de siglo, a contar a partir de esta fecha. Y tres, que como ocurrió con sus proyectos municipales de carreteras [Entrada 28-12-2017], el trabajo propiamente dicho levantando cartas urbanas del Mieres del cambio de siglos XIX al XX acabará por hacerlo suyo a título personal, convirtiéndolo en una afición más, suma de curiosidad innata y afecto desinteresado por el trabajo técnico o afín,  lo que a la postre entrañó mantenerse activo en su cultivo hasta su muerte. Y  lo mismo específicamente en lo que atañe a la labor como cartógrafo perseverante de Mieres; Mieres capital, término municipal y alrededores de éste.







Referencias

. Álvarez Álvarez, M., El concejo de Mieres y sus alrededores a vista de pájaro. Escala de 1 por 20.000. Mieres, 10 de mayo de 1906.
. Pérez González, R., “Mieres”, cap. II, Geografía de Asturias, vol. 2, págs. 75-133. Avilés, 1982.
. Pistono Favero, J./Burgos Fernández, E., “Influencia del ferrocarril en el ordenamiento urbano. Asturias: Mieres y los ferrocarriles mineros”, Historia Ferroviaria. Gijón, 2003. (PDF)












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